Comunicación y PR en 2026: menos impactos, más influencia real 

Durante años, la comunicación y las relaciones públicas han vivido obsesionadas con una pregunta: ¿cuántos impactos hemos conseguido? En nuestro sector, esta pregunta todavía sigue en boca de nuestros clientes, pero cada vez empieza a perder un poco más el sentido. Y no es porque la visibilidad deje de ser importante, sino porque ya no es suficiente.  

En un contexto saturado de mensajes, automatización de contenidos y audiencias fragmentadas, el verdadero valor de la comunicación no está en cuántas veces apareces, sino en a quién llegas, qué posicionas y qué influencia generas. 

Bienvenidos a la era del PR estratégico. 

Del volumen a la relevancia (por fin) 

Aunque el modelo clásico de relaciones públicas -nota de prensa, clipping, número de impactos- sigue siendo el pan nuestro de cada día, lleva tiempo mostrando signos de agotamiento. La razón no es que esté muerto, sino que ya no explica el impacto real de la comunicación

De cara a este 2026 que acaba de comenzar, podríamos decir que: 

  • Un impacto sin contexto aporta poco (de ahí nuestro leitmotiv, la comunicación en contexto). 
  • Una mención sin relato no construye marca. 
  • Una aparición sin credibilidad no genera influencia, y eso es lo que vamos a tratar de buscar. 

Las marcas ya no compiten por “estar”, sino por ser relevantes en los espacios que importan. Eso obliga a repensar cómo entendemos el éxito en comunicación. 

  • Menos medios, mejor seleccionados. Nos toca depurar las bases de datos.  
  • Menos mensajes, más claros. Nos toca construir un buen storytelling.  
  • Menos ruido, más criterio. Ya no se trata de conseguir volumen (que también), sino de generar influencia. Eso es lo que vamos a abordar.  

Influencia: la nueva (e incómoda) métrica  

Hablar de influencia es incómodo porque no siempre se puede medir con una cifra rápida y se nos complican los KPIs. Pero es justo ahí donde se juega la partida en 2026. 

La influencia se construye cuando: 

  • Te citan como referencia, no como relleno (una de las grandes labores de un buen PR).  
  • Tus portavoces aportan análisis, no titulares huecos (hay que tratar de posicionarles como voces expertas). 
  • Tu marca aparece asociada a una conversación relevante, no a una moda pasajera. 

En PR, esto se traduce en un cambio claro: el foco pasa del impacto al posicionamiento. Importa menos cuántos medios publican y más qué imagen se consolida en la mente de periodistas, analistas, stakeholders y clientes. 

El periodista (y el creador de contenido) ya no es un canal, es un prescriptor 

Otro cambio clave para 2026 es que los medios y los periodistas ya no funcionan solo como altavoces. Son los nuevos filtros para generar credibilidad, y hay que ganárselos.  

Lo anterior se debe a que, en un entorno donde cualquiera puede generar contenido, el valor del periodista está en el criterio, mientras que el del medio está en la confianza y el de la relación está en el largo plazo. Esto último es súper importante en nuestro trabajo, porque hay que saber mirar a largo plazo. 

Para las marcas, todo ello implica dejar atrás el enfoque transaccional (“te envío nota y espero que tú publiques”) y apostar por relaciones reales, basadas en aportar información, contexto y análisis. 

El PR vuelve a ser, por fin, relacional, no industrial, y esto es lo que más nos gusta. La antigua escuela empieza a recobrar fuerza.  

IA en comunicación: acelerador, no sustituto 

No podemos hablar de tendencias y pasar por alto el papel de la inteligencia artificial, ya que, queramos o no, será parte estructural de la comunicación en 2026. Lo hará no como promesa, sino como realidad cotidiana: análisis de contexto, borradores de planes, escucha activa, detección de tendencias, simulación de escenarios… 

Sin embargo, hay algo que la IA no puede hacer o, al menos, no puede hacerlo todavía: decidir qué merece la pena ser contado y cómo afecta a la reputación de una marca

En comunicación y PR, la IA puede acelerar procesos y facilitarnos las bases, puede optimizar recursos y, sobre todo, puede reducir tareas mecánicas (¡bendita ayuda!).  

Ahora bien, hay algo que la IA no puede hacer, y es aportar el valor diferencial que aportamos los profesionales: 

  • El criterio estratégico. 
  • El tono. 
  • La narrativa. 
  • La lectura política, social y mediática del entorno. 

Cuanta más automatización, más importancia tendrá el factor humano. 

El nuevo PR se parece más a un consultor que a un ejecutor 

Dicho todo esto, podemos afirmar que, en 2026, las agencias de comunicación y PR que aportan valor no son las que “consiguen más impactos”, sino las que ayudan a sus clientes a definir qué decir y qué no, elegir cuándo hablar y cuándo callar, preparar portavoces con discurso (no solo con mensajes clave) y entender el contexto mediático y social en el que operan. 

La comunicación, por lo tanto, deja de ser un apéndice del marketing para convertirse en una herramienta estratégica de negocio, reputación y liderazgo. 

Eventos, contenidos y PR: todo empieza por el relato 

No me gustaría finalizar sin dejar por aquí otro aprendizaje clave para 2026: nada funciona sin relato, sin contexto, sin largo plazo. Ni un evento, ni una entrevista, ni una nota de prensa, ni una campaña. Las acciones aisladas pierden sentido si no forman parte de una narrativa coherente y sostenida en el tiempo. 

Así, las marcas que destacan no son las que más hacen, sino las que tienen un punto de vista y un posicionamiento clave, y son fieles a dicho posicionamiento manteniendo un discurso reconocible.  

El PR deja de ser reactivo para convertirse, proactivamente, en la base de la estrategia gracias al relato.  

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